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Melanie corría rompiendo el silencio de la madrugada aún oscura con su risa, haciendo que el sonido tranquilizador de la lluvia resultase un ruido molesto que no deja escuchar el sonido más bello del momento. Su aliento resultaba visible en el aire por el frío, los dedos perfectos de los pies con uñas perfectamente pintadas con esmalte gris mate estaban mojados al correr descalza por aquellos estrechos callejones. Pero, ¿de qué corría con tanto ahínco? ¿Por qué reía de esa manera si no era más que escoria para el mundo? Porque la perseguían. Porque la persona con la que estaba la comprendía y él también era escoria para todos…casi todos. Sabía mejor que nadie que el callejón escogido iba a parar a una pequeña plaza con una discreta fuente con un precioso paisaje en todas las estaciones del año, pero había un muro en medio. Atrapada. Sin salida.
Recuperaba el aliento mientras se resignaba a que había sido cazada mientras observaba el muro con admiración. Cuando se dio la vuelta, volcó su atención a esa imagen, grabándola en lo más profundo de su ser: Dean, con una fría, adorable y encantadora sonrisilla empapado y sin cazadora, con sus brazos al descubierto por una camiseta de manga corta, dejando ver aquella estrella azul marino que tanto la encantaba dibujar una y otra vez en las esquinas de sus mejores dibujos. Advirtió que con el pelo mojado, su castaño tan claro era un marrón tan oscuro que rozaba el hermoso negro. Cuando quiso subir la mirada a sus ojos…solo vio el muro.




A Aurora le encantaba aquella febril sensación de la furia por sus venas, recoriéndola el cuerpo. Se sentía como la reina en aquellos momentos, saboreando su juego preferido, con la admiración del público de fondo. Sus negros y altos zapatos de tacón emitían un sonido rítmico, lleno de estilo. Su sonrisa carecía de amargura o tristeza por aquellos humanos que yacían echos un ovillo en las esquinas del gran almacén, rebosantes de pánico, viéndola caminar por el largo pasillo entre estanterías, buscando algo.
Finalmente, Azael se mostró, ligeramente se asomó por una de las estanterías, retándola por la posición de sus hombros, su sonrisa, sus ojos... Paseaba con soltura entre las mismas estanterías que Aurora, directo a ella, sonriendo como quien sonríe a una bella dama en el parque, levantando sus ágiles pies para esquivar las cosas caídas de los estantes, algo parecido a saltar un charco que obstaculiza tu paso en un agradable paseo. 
La espalda de Aurora se curvó, pareciendo su cuerpo más sensual, sus dientes en los labios intentaban ocultar una sonrisa más amplia de que cuenta aunque, de todos modos, sus ojos celestes clarísimos, lo decían todo.
Azael rió con levedad y sutileza siendo algo divino, sobrenatural, contemplándola a escasos centímetros de su boca, frente con frente, sus ojos dorados sobre los de ella, acariciándola una de sus mejillas. Aurora sonrió fiera, atacando, mientras las deliciosas melodías de cristales romperse, gritos de temor y risas hermosamente inhumanas contaminaban el aire.





La catedral estaba casi vacía, pocos cristianos paseaban por sus oscuros pero coloridos, (gracias a las vidrieras), pasillos, iluminados con velas de esperanza de fe humana. Katrina intentaba pasar desapercibida mientras se medio moría (más) por dentro, recordando su antigua vida, lo feliz que era, lo diferente que era ahora. Se sentó en el granate terciopelo de una estropeada banqueta de madera, frente al órgano. Desde donde estaba, sus celestes ojos alternaban entre la poca gente arrodillada ante el altar. No era quién para mirar aquella "altura sagrada" y menos, rezarle o conmoverse por ello.
Inspiró profundamente y colocando recta su delicada y atractiva espalda, tocó las teclas del órgano, haciendo música. Eran dulces melodías que gente como ella conocía ya que su profesor no era corriente... Oyó un débil repiqueteo perdido de campanillas. Y llantos, lágrimas de los fieles cayendo en el suelo sagrado de aquella catedral. Culpa de la melodía.

Prólogo.

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Aquí no hay protagonistas. No divinizaré a ningún personaje. No haré más perfecta a una pareja que a otra. No haré olvidadizo o repelente a ningún personaje para el lector. Los pros y los contras de esta gente, agradará más o menos, pero todos serán dioses, centro de esta historia, ya que todos están juntos, ya que todos se odian entre sí, ya que entre todos comparten su amor.
Comencemos.

Melior Argento.

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Crystal Argento.

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Peligrosa, fría como el cristal, cortante, dura, tiene una experiencia amplia y con ello un poder mortal. Siempre entre libros, folios, palabras y notas musicales de arpas y violines. Su nombre también recuerda lo preciosa que es a todos los ojos, lo bello que es el mundo a través de ella, como la luz a través de un diamante. Agradable, cariñosa y cercana, incluso maternal, con todos sus más cercanos amigos; apasionada y completamente afín y entregada en cuerpo y alma a su pareja.


Sus ojos son luminosos y azules aguamarina, puros e impactantes, una bonita piel blanca, una melena por debajo de la cintura completamente lisa de un purpura tan oscuro que roza lo negro, con reflejos violetas intensos. Casi en el centro de su espalda, en la linea de su columna vertebral, reposa el tatuaje de una araña sencilla y elegante aún más blanco que su piel, casi transparente.

Azael Argento.

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Aurora Argento.

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Graziel Argento.

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Es el más “rico” de todos, con estilo y llamativo a todos los ojos, querido por todos aunque evite bastante preguntas sobre temas privados. Reservado pero muy orgulloso de sí mismo. Muy mediante, adora el silencio mientras escucha sus dulces y atrayentes melodías de piano. Algo curioso en él, es que suena un débil repiqueteo de campanas cuando aparece de la nada, usando su oscuridad.

Graziel destaca por su cabello rebelde pero liso e intenso rojo sangre sobre sus ojos purpuras. Este morado le proporciona una penetrante y misteriosa mirada. También nos sorprende por un tatuaje negro como el carbón de una pequeña espada totalmente intrincada en su espalda, a la altura del hombro derecho.

Katrina Argento.

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Es una mujer joven pero muy madura, modesta a pesar de ser un huracán en su interior. Es la más bipolar de todos y también la que más apariencias esconde, se siente bien odiando o no sintiendo nada por los demás, regodeándose en el sentimiento pecaminoso de la maldad, sumergiéndose en la oscuridad que la posee. Por sus experiencias ha olvidado su pureza, su amor por algo tan cristalino y limpio como el agua, enterrando en sí misma su verdadera personalidad. Aún con todo esto, la es inevitable ser cálida con la gente más cercana a ella.

Es la posee la voz más bonita y cautivadora a la hora de cantar. Tiene un voluminoso y rizado cabello dorado como el oro limpio y unos ojos celestes claros grandes, casi hasta infantiles y delicados. Un tatuaje blanco como la nieve, la runa del miedo, adorna su muñeca derecha.

Dean Argento.

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Es un muchacho de sangre noble, de grandes poderes y capacidades, uno de los hombres más sobrenaturales y especiales del clan. Atento, tranquilo entre sombras, siempre sonriendo aunque esté pensando en lo más macabro y sucio del universo; encantador y de una frialdad adorable. Siempre que tiene tiempo lee cualquier libro, a ser posible, en lenguas extranjeras.

Con el pelo corto y rebelde de un castaño claro muy brillante acompañado de unos ojos verdes oscuros con el aro del iris muy negro, de llamativas pestañas. Tiene tatuada una estrella azul marino con aires de tribal en la parte superior del brazo derecho. 

Melanie Argento.

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Amiga de la Oscuridad al olvidar al Sol, está en su grupo de Tinieblas al no recordar las blancas nubes. Es una excelente dibujante, es capaz de plasmar cualquier cosa en lienzo o papel con solo unos minutos, como mucho, horas. Adora ser libre, superior a sus inferiores. Es deseosa con sus objetivos y caprichos, minuciosa en todo lo que hace.

Tiene el cabello largo y de un rubio tan claro que se podría decir que es blanco, con las raíces y unas cuantas mechas negras; ojos de un verde clarito. Posee un tatuaje lila cálido, cruzando la espalda un rombo con un vacio en su centro en forma de estrella.

Argento.

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Argento. Dativo singular del sustantivo latino Argentum-i, plata. De color blanco de un brillo imperecedero e insensible al fuego.                 
Todos los Argento tienen un tatuaje plateado en la muñeca izquierda por la parte interior de esta, las mujeres el símbolo del infinito y los hombres una media luna.